Me cerceno un miembro,
-el invierno-
la muerte detrás de una esquina.
Me dejo desangrar gota a gota
para cuando me armo
buscarte,
recordarme que aún
queda más muerte
en la sangre que te riega.
domingo, 1 de noviembre de 2009
lunes, 26 de octubre de 2009
Espabila que no hay
Me taladran las palabras
los albatros me adentellan,
los destellos me deslumbran
y la lumbre se me apaga.
Tu mirada me convoca,
con mi boca yo me llamo
¡Tanta llama se me prende
sin pensar si se equivoca!
Me entra frío por la escuadra
el calor es de artefacto,
se me funde el plomo si te enciendo
y ya no hay luz en que me esconda.
Grito amor y llueven ranas
digo vuelo y se me asustan.
Soy amor y a quién le importa...
soy canción y baila el agua.
soy canción y baila el agua.
Dormitando en:
Desnudos,
Parole parole,
Tras la ventana
domingo, 25 de octubre de 2009
miércoles, 21 de octubre de 2009
De repente...
Río, río, río, río... y me convierto en mar
A veces río cuando supuestamente no debería, y mi risa está fuera de lugar como esta vaca.
Pero es que a mí siempre me gustaron las vacas en el agua.
sábado, 17 de octubre de 2009
Decidiendo
Decido el silencio como antítesis a la voz, al eco que busco lanzando palabras al aire que hace mucho dejaron de tener respuesta y han dejado de estallar cuando caen. Decido el silencio como muestra de la calma de los días, del paso de la pena instalada. De esta extraña felicidad que me invade sin más motivo que renovar mi mirada.
Decido el silencio porque por fin las llamas crepitan en mi salón, porque Cohen trae la paz a la vigilia. Porque por más que busque anochecer en mitad de la hondonada, el alba no llegará más temprano.
Decido el silencio porque por fin las llamas crepitan en mi salón, porque Cohen trae la paz a la vigilia. Porque por más que busque anochecer en mitad de la hondonada, el alba no llegará más temprano.
Decido el silencio, porque ya sólo la conversación con mis entrañas basta.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Lleno por favor
La esperanza tan dulce,
tan pulida, tan triste,
la promesa tan leve,
no me sirve.
No me sirve tan mansa la esperanza
La rabia tan sumisa,
tan débil, tan humilde,
el furor tan prudente
no me sirve.
No me sirve
tan sabia tanta rabia.
El grito tan exacto
si el tiempo lo permite,
alarido tan pulcro
no me sirve.
No me sirve tan bueno
tanto trueno
El coraje tan dócil
la bravura tan chirle,
la intrepidez tan lenta
no me sirve.
No me sirve
tan fría la osadía.
Si me sirve la vida
que es vida hasta morirse,
el corazón alerta sí me sirve.
Fragmento de Mario Benedetti
Así que dejen de darme lo que les sobra.
O nos damos vida
y pasos rellenos
y pasos rellenos
o no me vengan caminando de puntillas
si no es, sólo,
para darme una sorpresa.
Que estoy muy harta que el mostrarse asuste y que el ofrecerse deje lívida a la gente. Aún sigo pensando en todos los que se fueron porque mi sonrisa abraza, porque mis manos tocan, y porque mis palabras sienten lo que cantan. Cualquier día de estos me detienen por sonreir a extraños en la calle.
Cuánto estúpido miedo... Cuánto.
Cuánto estúpido miedo... Cuánto.
Sigo creyendo que lo mejor que puede pasarnos, es encontrarnos.
Dormitando en:
Parole parole,
Tiempos de cólera
sábado, 10 de octubre de 2009
Gato no naces. Gato te hacen.
Mi gato se tumba encima mío, ocupando todo el espacio. A veces me resulta imposible creer como un ser tan supuestamente pequeño puede parecer tan grande y ocupar media cama de 1,05 que de por sí, ya en ocasiones deja de ser suficiente.
Ya está mucho mejor. Estamos. Después de tres semanas dónde su hígado casi nos ha dejado sin vida a los dos, (¿será que bebe?) empezamos a ser los mismos de siempre.
Intenta afilarse las uñas que no tiene, que le corté para que darle la medicación no pudiera convertirme en Scarface. No puede salir, no tendría modo de defenderse de sus congéneres. Está aburrido. Estamos. Hasta los cojones que tampoco tiene, porque en ese cruel intento del ser humano de hacer suyos a los animales salvajes, se los dejé inútiles para que no marcara un territorio que, siempre, triste condena para él sin saberlo, iba a ser suyo.
No te preocupes, le digo. Ya me las afilo yo por ti, que buena falta me hace. Que yo tampoco tengo cojones últimamente, y lo peor de todo es que no sé cuándo ni por qué dejé que me los quitaran. Yo que no tengo territorio que marcar porque todo el planeta es mi territorio, aunque a algunos politicuchos de mierda se les haya antojado poner fronteras y dejar que un papel determine el lugar dónde debe vivir cada ser humano.
Me mira extraño, no sabe qué pasa. No sabe por qué no abro las ventanas que dejan entrar el aire y que él salga. No sabe por qué esta atmósfera se está convirtiendo viciada, no sabe por qué le hago tragar esa basura que sabe a rayos, ni por qué le llevo a un lugar dónde tres mujeres que aparentemente parecían quererle, le suben a un potro de tortura y se asemejan a la Santa Inquisición. Está empezando a poner en duda cuánto le quiero. No dudes, le digo, que todo esto lo hago por ti. Dudamos.
Pero es mi compañero. Aún nos queda mucho que vivir juntos. Si es que a esto, aunque ahora pueda parecer lo contrario, se le pueda llamar vida. Que volverás a salir. Volveremos. Que las uñas crecerán y podrás caminar sin miedo. Creceremos. Que dejarás de tragar cosas amargas para volver a saborear mieles felinas.
En cualquier caso, sea como sea, siempre nos seguiremos teniendo el uno al otro. Vivamos.
Larga vida a Pancho.
Dormitando en:
Desnudos,
Tiempos de cólera
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