
No hay posibilidad de movimiento bajo el gris. No hay posibilidad de actuación. Se entumecen los dedos, el cuerpo y las neuronas, y el otoño lo inunda todo a pesar de que sea la primavera la que llegue.
El viento me arrastra y desliza mi sombra más rapido de lo que realmente camina. Hace que vaya caminando a golpes, como si alguien dirigiera mi cuerpo y ya no fuera dueña de mis pasos.
La risa se apodera de mi, descontrolada, loca, borracha de lágrimas que se perdieron y que dejaron atrás un dolor que hoy ya es esperanza. Como el ocaso da lugar a la noche. Como la noche sucumbe a la mañana.
Y ya no soy dueña de nada. Ni de mis pasos, ni de mi risa, ni de mis lágrimas... Y despojada de todo, vacía, ligera como una pluma, dejaré que el viento me lleve donde quiera y me pose de igual modo a su antojo.
Primavera. Es primavera y no otoño.
Foto: The Rain by Blackseed